Ha entrado Jesús
caballero
en Jerusalén,
sobre un pollino de asna,
como tocaba a su Señor
último ,
y lo reciben
palmeros,
y con “hosannas”,
y titulándolo “Rey de Israel”,
o “Hijo
(pero lo era remoto, y bastardo)
de David”.
Visitó luego el Templo, vio cosas
que lo fatigaron,
y a la nochecica se retiró, con los Doce que lo seguían,
a Betania.
Al otro día, de mañana, saliendo de Betania,
tuvo el estómago gruñón
y antojadizo,
espió, a lo lejos, en la cuesta pelada que sube a Jerusalén,
una higuera gorda,
alta,
melenuda.
Era temporada de brevas, o casi,
casi.
Pero al acercarse Jesús vio que era árbol
vago, tardón,
y no había dado aún fruto.
Jesús movía los labios, murmuraba, y los Doce se arrimaron a él
haciendo corro,
a ver qué decía el Maestro, si era parábola
o doctrina,
pero hablaba, por ahora, demasiado por lo bajo. Puedo
mucho, y soy
mucho,
príncipe
figurado
(pero no de este mundo),
el hijo
seguro
de María,
y dudable
de Dios,
el Cristo
que decían
y está escrito.
Volví el agua en vino en las bodas
famosas
de Caná,
en dos ocasiones he hartado, con cinco panes de cebada
y dos peces,
o con siete panes “y unos pocos pececillos”,
a una muchedumbre,
soy torta
de cielo,
y en misas
misteriosas
comerán de mi carne, beberán mi sangre,
nunca he querido nada para mí, pero desde ayer
arrastraba el humor
amargo,
y lo habría endulzado con un puñado de higos...
Entonces habló Jesús con voz
severa,
y todos lo oyeron.
--¡Con estas palabras
divinas,
tremendas,
que pronuncio,
te pudrirás, higuera, y ni sombra vas a dar!
Su cólera de dios
antiguo,
y su decepción de niño mimado,
las pagaron en el Templo de Jerusalén. Volcó
los puestos de los cambistas, las jaulas
de los palomeros.
A la mañana siguiente volvieron a pasar por allí. La higuera estaba seca.
Le dice Pedro:
--¡Rabbí, mira...!
--Enseño, con esto –dijo Jesús— la fuerza de la oración,
y de la fe.
Decía, pero hubiera preferido ese favor
de Papá, el pequeño
milagro
de haberse desayunado con unos higos
tempranos.
Muchas veces nos amenazaba
nuestroseñor,
vendrá el Hijo del hombre,
segunda vez,
como ladrón,
y repartirá las suertes
que importan,
porque deciden lo de luego.
Pero era bueno, casi
bobo,
el campeón del amor,
y sólo aquí se muestra sayón,
con rabieta.
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