dimarts, 24 de desembre del 2013

por contingencia



           
        gana uno accidentalmente
        los amigos

        ayudaron a decidir los míos nuestra generación (cuándo
        nos empezamos),
        el barrio,
        sobre todo el colegio (y, dentro de él, las iniciales
        de los apellidos primeros, el segundo
        idioma,
        la rama de bachillerato),
        también
        nuestras torpezas comunes

        vinieron,
        es verdad,
        por “caso[s] no prevenido[s]
        ni pensado[s]”[1],
        pero quiero yo que sean
        seguros


[1] Diccionario de autoridades.

divendres, 20 de desembre del 2013

el Trina, en dos capítulos




        el Trina (1)

        el Trina
        digo,
        la cafetería de la Gran Vía Ramón y Cajal,
        en Valencia,
        los papás tomaban el aperitivo,
        yo,
        en pantalones cortos,
        entre las mesas,
        hacía (re)colección de chapas,
        de cocacola, de pepsi,
        de trinaranjus,
        de todas las fantas,
        buscaba, sobre todo, las de cinzano, eran
las monedas
de chatarra
que me cruzaban a mi país-de-nunca-jamás


        el Trina (2)

        hacíamos el COU, los agustinos,
        por la tarde,
        las mañanas eran para los futbolines
        y las tertulias,
        y de noche, después de cenar, cuando terminaba
        hombrerricohombrepobre,
        quedábamos en el Trina,
        el café,
        los comecocos,
        los marcianitos,
        servían de prólogo a las madrugadas de estudio
        comunal,
        ajedrez,
        póquer,
        revelaciones,
        casi siempre en ca Agustín
        o en mi comedor,
        horas
        placenteras
        que hacían el cemento seguro (¿los dudosos
        barros?)
        de nuestra amicicia de tunos sin bandurria
        ni capa,
        torpísimos
       
               

divendres, 6 de desembre del 2013

"¡Abbá!"



           “¡Abbá!” El escándalo
de Su silencio
derribó las paredes de su dudosa identidad,
y,
clavado al palosanto,
ya no sabía qué era, hijo
          de qué

dissabte, 30 de novembre del 2013

monólogo de Ulises



        y Troya

        en el suelo,

        y las doce naves que gobernaba

        y perdí,

        y regresar,

        después de una odisea,

        a Ítaca,

        y tener segundas bodas con Penélope,

        y echar de menos,

        enseguida,

        a la maga,

        a Calipso,

        sobre todo a Nausícaa,

        pobreta

diumenge, 24 de novembre del 2013

monólogo de Nausícaa, pobreta



        y la pelota extraviada,

y el extranjero

        en la playa,

        y su nombre,

        y su novela fantástica,

        y la barca

        maravillosa

        que armó papá para que pudiese volver

a Ítaca,

con su mujer,

        y su cariñosa indiferencia

dissabte, 16 de novembre del 2013

ni una ni mitja ni cap (polisíndeton)

ni una ni mitja ni cap: ja no canta
el capellà,
ni visita, glotón, las cocinas de sus feligresas,
ni dice, entusiasmado (lleno
de Dios),
sus sermones,
ni mordisquea las teticas perfectas de las novicias,
pobret

dissabte, 19 d’octubre del 2013

sinestesia (el follón de los sentidos)



        rendirían a Paris,
        de Elena (y fue,
        y no fue luego,
        por eso,
        Troya)
        sus ojos de mirra,
        el índigo en su voz,
        sus manos
        sabrosísimas,
su olor
blando,
el be-bop
de su coño

divendres, 11 d’octubre del 2013

cabeceras de mis dos escritorios (protozeugma)






        en el despacho que tengo en mi casa de Valencia levanto
        los ojos
        del escritorio,
        por encima de la pantalla del portátil, y veo
        (veo),
        clavadas con chinchetas en la pared,
        cosas que me dicen
        a pedazos,
        un póster de la Safo pompeyana (la pluma,
el cuaderno señalan su viciosa
afición),
carteles más o menos reducidos de gente de película,
Marylin asomada a una ventana, en albornoz,
Clark Gable at a poker game,
la Garbo,
the Misfits,
Bogart y Bergman brindando, here’s looking at you,
kid,
postales que traen esto, esto, el jazz,
escenas de la Nueva York
segunda,
la Maja gordísima de Malta,
tres reproducciones de cuadros de los Prerrafaelitas (Ofelia
tarada, en el río, Lady Shallot en su barca
funeral,
el suicidio de Chatterton),
dos chicas con una bicicleta, en una carretera
que me parece inglesa (escribí desde ellas
un cuento),
tres de mujeres más o menos desnudas (a todas
las cubre la baba del amor),
un laberinto labrado en una piedra, en la Catedral de Módena,
Orfeo guía con su música la barca de los Argonautas,
el invierno industrial en Madison,
rústicos buzones americanos (dicen, claro,
las cartas que iban y venían),
tú, de pequeña, en un medallón

        en el despacho que tengo en la Playa de la Puebla de Farnals levanto
        los ojos
        del escritorio,
        por encima de la pantalla del portátil, y veo
        (veo),
        clavadas con chinchetas en la pared,
        cosas que me dicen
        a pedazos,
        algunas fotografías en blanco y negro que hice en las Islas de los Apóstoles,
en el otoño de los lagos que nos separaban de Canadá,
        y revelé en un laboratorio de la Universidad de La Crosse, que fue
        mi casa
durante el curso
casi feliz
de 1985-1986,
        postales que traen un orangután llorón, que se quejaba, “It’s lonely
        in Wisconsin
        without you”,
        uno que besa, doméstico, a su joven esposa
        con rulos,
        la Femme que tire son bas, de Toulouse-Lautrec,
        dos paisajes (uno, de canales, el otro
        marinero)
        de Van Gogh,
        la bailarina (tiene para siempre
catorce años)
de Degas,
Tarzán, con Jane en brazos,
dos estatuillas de las Islas Cícladas, ésta
de una diosa con teticas,
ésta de un aedo sentado en una silla,
con arpa,
Ana Frank escribiendo su diario en el ático
secreto,
y una barca pintada, de barro, de Collioure, con una fecha
en el casco,
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