divendres, 13 de febrer del 2015

nombres de Odín

“Wodan, id est,
        furor…”[1]
        Adán Bremense dijo,
        el primero,
        en latines,
        el nombre cabal de aquel dios del Aquilón,
        y lo que éste (des)cubría: al poeta
        con fiebres, tarado
       
        porque fuera su nombre
maravilloso
Y(a)hv(é)h
lo esconde

        entre los vikingos
        los thulir (valen
nuestros romanceros)
        y,
luego,
los escaldos (trovadores),
dieron mil y un nombres a Odín,
encerrándolo en estupendas figuras retóricas que llaman
kenningar
o heiti,
y que dicen su naturaleza,
sus títulos,
sus atributos,
su aspecto,
su gente,
sus gracias,
su historia,
los animales que lo acompañan,
lo repiten
o buscarán acabarlo

dicen
sus nombres
al Caudillo de los Aesir (una de las dos naciones
de divos),
a papá,
al Viejo (con sus largas barbas),
al esposo, y la delicia, de Frigg,
dicen las bestias de su barra, el águila,
el oso,
los dos cuervos,
el caballo,
y el lobo que lo odia,
dicen
al gran capitán (y la lanza,
o el yelmo,
que gasta para la guerra),
al Viajero (en traje de peregrino, con sombrero de ala ancha,
desastrada capa
y bastón),
al Burlador,
al Mentiroso, y al Verdadero,
al Gamberro,
al que se muda en esto
y lo otro,
al Mago (y su varita
de virtudes),
al Doble,
o al Tercero, o Triple,
al Aullador,
y al de la voz atiplada, de mariquita,
al Tuerto (que ganó,
a trueque de su ojo izquierdo,
musas),
al Juglar,
al que gobierna las runas,
al que trae el sueño,
al que arrea, en el cielo, a la cabeza de una caravana
fantástica,
al Ahorcado, o al señor, o visitador
de los ahorcados,
al que te recibe
al otro lado,
al Pálido, y al Flaco,
a Yggr, o sea,
el Terrible,
al dios
muerto





[1] Hechos de los pontífices de la Iglesia de Hamburgo, Libro IV, Descripción de las islas aquilonales. 1075 / 1076.

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