estaban las
maquinetas de los futbolines
de la esquina
Marvá-
Albacete,
que reunían a
los amigotes, estaba,
sobre todo,
la de la
cafetería de Yalta Uno, daba
a la piscina
casi familiar,
yo apoyaba el
vaso de coca-cola en el cristal
y me distraía
con las luces y los ruiditos
más o menos
musicales
de los bumpers
mientras
esperaba que la chica de los sueños
que me
mareaban
bajase de
casa,
a ver
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