dimarts, 10 de febrer del 2015

destiladera

        apartado en mi oficina,
vierto en la alquitara de plomo el vino (es
de lágrima,
el sudor de la uva que guarda lo que soy),
pongo la olla mágica al fuego, suben (no: es
ascensión)
las partes activas,
moquean las narices del alambique,
y recoge la cazuela de cobre sus humores destilados

(pero no son, estas escrituras, el espíritu
perfecto
de aquel caldo grosero,
primero,
sino las heces que quedan pegadas al culo del vaso,
sus excrementos
o madre)





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