gana uno
accidentalmente
los amigos
primeros
ayudaron a
decidir los míos nuestra generación (digo, cuándo
nos empezamos),
el barrio,
sobre todo el
colegio (y, dentro de él, las iniciales
de los
apellidos del padre, el segundo
idioma,
la rama de
bachillerato),
también
nuestras
torpezas
comunes
vinieron,
es verdad,
por “caso[s] no
prevenido[s]
ni pensado[s]”[1],
pero quiero yo
que sean
seguros
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