aposta
madrugo,
que es Sábado de Gloria (en el
cielo, toda
esta semana, la que empieza
nuestra primavera
boreal,
la luna redonda
redonda),
y vienen unas horas que son “muy
de [mi] gusto”,
y “muy de [mi] genio”,
y las paso “con gran diversión”,
“quieto,
sosegado
y libre” de cosas que daban
“molestia
o enfado”, es que
solamente hoy el mundo se vacía
de Dios,
y puede uno pasearse en él
“con mayor recreo”, si no en la
gloria sosa de los beatos,
en sus frescas,
deliciosas
glorietas[1]
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