mira que también este otro héroe
dudosísimo,
Belmondo, bueno,
Michel Poiccard,
un buscón
macarra, pajillero, oh
ho
des petites filles qui font de
l’autostop, ladrón
de coches,
pistolero
indiferente,
salteador de urinarios,
que vacía los
monederos de las esquineras de su nómina,
se inventa
nombres,
historias,
vidas,
gasta chaqueta
tweed, sombrero de gángster, pulsera
y
medallita-de-la-primera-comunión,
los calcetines
blancos,
las narices rotas (las narices
sexi)
del boxeador de barrio,
un cigarrillo
liado
colgándole del labio, pues sí,
también
él,
porque hace a
un Bogart
fresco,
paleto,
tontorrón,
sobre todo porque lo pierde esa
chica americana, de Iowa, no,
niuyorquina,
pedante,
con el pelito a lo garzón,
y prefiere
la nada
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