“Pena de daño.
Se llama por los Santos Padres y Doctores, la pena de los condenados que
consiste en carecer de la vista clara de Dios, y estar privados eternamente de
su presencia.”[1]
padezco
(con enorme justicia) de lo que “los
Santos Padres
y
Doctores”
llaman
“pena
de daño”,
que las
legañas me enturbian la visión
perfecta
de Dios,
y no me
hallaré nunca,
nunca,
delante
de
Él:
pero es
condena
deliciosa,
ésta de ir así,
tentando las paredes
de la vida,
los ojos
entelados,
quitado
de Su olor
ruidosísimo,
de su mala
sombra
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada