divendres, 1 de maig del 2015

cidiana

porque he andado despacio, curiosísimo, su historia
en letra bastardilla (la primera,
digo,
y también la segunda, de sus mocedades
postizas),
porque repetí, con Mari Desa,
en un Fiat Uno azul marino sin aire acondicionado (y era
agosto),
la geografía del rapto
fantástico
de sus hijas, hasta el robledo de Corpes,
ayudado de mapas del Ejército,
porque la primera película que vi en el cine
(en el Astoria) fue
la que lo contaba,
porque su estatua ecuestre en la Plaza de España señalaba
la puerta de mi barrio,
porque prefiero su señorío brevísimo
y sin suerte,
porque apellidaba a Valencia en las libretitas
del colegio
de Tere,
sobre todo porque empieza su Cantar (mejor: el único texto
que lo guarda)
“de los sus ojos tan fuertemente llorando”



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