vaciado el
mundo del Dios
del
catecismo
me
hice del corro, en mi pubertad burra, de dos mesías
de
zarzuela-
rock:
Jesucristo
Superstar
y
Tommy
eran
musicales sus textos sagrados, dos álbums (the original
movie
soundtracks)
ilustrados,
y
sus misas
de
cine: andando sus libretos mejoré mucho el inglés
del
Padre Hilario, del Padre Davalillo,
y
supe a mis señores
nuevos,
escandalosos:
un Cristo
postmoderno
y jipi
y
otro-hijo-de-nadie, nacido de una virgen
dudosísima
(¡huy,
lamamádetommy!),
pinball
wizard,
brujo
del
flíper, divo psicodélico
y
hortera
soy
su beato
aún,
y
visito sus estaciones
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