Heimdallr vació el arcodesanmartín que gobernaba
y
fue romero
muy
vicioso,
el
huésped gamberro de tres casas,
que
durmió,
en cada una,
tres noches
seguidas,
en medio de
los esposos,
y en los
sueños húmedos de las malcasadas se empezaron
nuestras tres
clases,
la de los
esclavos,
la de los
granjeros,
la de los
hijos-de-algo
quiso visitar
a su tercer hijo, el Señorito,
y le enseñó la
ciencia de las runas,
le dio su
nombre
supuesto,
“Rig”,
que vale
“Príncipe”
eran las runas
el juguete del Príncipe, y podía,
con ellas,
mucho,
conversar,
por ejemplo,
con las aves
un cuervo lo
reñía, mírate, principillo
(¡la
vergüenza!),
parloteando
con pájaros,
dedicas las
horas a las runas, descuidas
el caballo,
la espada,
la marinería,
la gloria[1]
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