acaricia la
luz las sortijillas de hielo de los cirros,
deshaciéndolas,
y
flanquean
luego
dos soles
con tiara
al Sol,
ganando el
título griego, que usan
los
marisabidillos,
de parhelías
(pero los anglosajones,
con mayor gracia
y tino,
llaman a estos
meteoros los chuchos del Sol, soles
fingidos,
o
fantasmas)
yo soy beato
de estos “soles aparentes
y
espurios”[1],
bastardos,
degenerados,
teatrales,
y
babeo detrás de sus hermanas, las perras que hacen de damas
compañeras
de Selena,
sus alunadas
meninas
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