dimarts, 16 de desembre del 2014

ñudos


si marease, no podría descansar la barca nunca,
        nunca,
        en puerto,
        que no sé los nudos, y los árbitros que conceden títulos
de capitán
me declararán, seguro, impedido
        para el amarre

        parecería, seguro, torero desastrado (¡mira ése, los machos
        desatados!)
        en el ruedo,
        y,
en la palestra, caballero
ridículo (las calzas
en los pies)

        gasté, de infante,
pajarita,
y,
para la fotografía de 3º C, con el padre Ángel, corbata: eran,
ay,
adornos de pega, teatral
attrezzo
que mamá sujetaba con una goma

recuerdo como trabajo
casi iniciático
el aprendizaje de los cordones de las botas,
y todavía desurdo la armazón, que no entiendo, de los zapatos
nuevos,
y paso los cordones cruzados

en la mili aprendí a la fuerza, y he olvidado
adrede,
a hacerme la corbata del traje
espantoso
de bonito

admiro la inteligencia de los dedos
de los ahorcados (y esto
me reconforta algo: mi torpeza
buscaría otras maneras menos horrorosas
de terminarme)

        las cremalleras se me abren, o se enganchan, pierdo
        botones,
        sirvo de muy poca ayuda con collares y pulseras,
        y,
        apretado por los nervios
        y la impaciencia,
        deshago bruto los vestidos
        y los ceñidores
        de mi dama

quien no da nudo, dicen, pierde
punto:
por eso se me desarreglan las costuras de la vida,
y uso como remiendos, para apedazarla, las historias
que me cuento,
estoeraynoera


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