en el despacho
que tengo en mi casa de Valencia levanto
los ojos
del escritorio,
por encima de
la pantalla del portátil, y veo
(veo),
clavadas con
chinchetas en la pared,
cosas que me dicen
a pedazos,
un póster de la
Safo pompeyana (la pluma,
el cuaderno señalan su viciosa
afición),
carteles más o menos reducidos de
gente de película,
Marylin asomada a una ventana, en
albornoz,
Clark Gable at a poker game,
la Garbo,
the Misfits,
Bogart y Bergman brindando,
here’s looking at you,
kid,
postales que traen esto, esto, el
jazz,
escenas de la Nueva York
segunda,
la Maja gordísima de Malta,
tres reproducciones de cuadros de
los Prerrafaelitas (Ofelia
tarada, en el río, Lady Shallot
en su barca
funeral,
el suicidio de Chatterton),
dos chicas con una bicicleta, en
una carretera
que me parece inglesa (escribí
desde ellas
un cuento),
tres de mujeres más o menos
desnudas (a todas
las cubre la baba del amor),
un laberinto labrado en una
piedra, en la Catedral de Módena,
Orfeo guía con su música la barca
de los Argonautas,
el invierno industrial en
Madison,
rústicos buzones americanos
(dicen, claro,
las cartas que iban y venían),
tú, de pequeña, en un medallón
en el despacho
que tengo en la Playa de la Puebla de Farnals levanto
los ojos
del escritorio,
por encima de
la pantalla del portátil, y veo
(veo),
clavadas con
chinchetas en la pared,
cosas que me dicen
a pedazos,
algunas
fotografías en blanco y negro que hice en las Islas de los Apóstoles,
en el otoño de los lagos que nos
separaban de Canadá,
y revelé en un
laboratorio de la Universidad de La Crosse, que fue
mi casa
durante el curso
casi feliz
de 1985-1986,
postales que
traen un orangután llorón, que se quejaba, “It’s lonely
in Wisconsin
without you”,
uno que besa,
doméstico, a su joven esposa
con rulos,
la Femme que tire son bas, de
Toulouse-Lautrec,
dos paisajes
(uno, de canales, el otro
marinero)
de Van Gogh,
la bailarina
(tiene para siempre
catorce años)
de Degas,
Tarzán, con Jane en brazos,
dos estatuillas de las Islas
Cícladas, ésta
de una diosa con teticas,
ésta de un aedo sentado en una
silla,
con arpa,
Ana Frank escribiendo su diario
en el ático
secreto,
y una barca pintada, de barro, de
Collioure, con una fecha
en el casco,
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