El rey Arturo, parvulito
Toma la cítara el romancero y canta
éste
invernal
para que se empiece
otra vez
el Año
Nuevo.
En Camelot, sentado en su alta silla, arrimado
a la Tabla Redonda,
el rey, esta nochevieja, no comerá como no comience,
enseguida,
alguna aventura. ¡Eran
sus juguetes, con ellos trasteaba
Arturo! ¡Era el rey Arturo
algo infantil, un chico
travieso[1],
el peterpán de la caballería
fantástica!
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