No rompe mis mañanas
el sultán del corral,
tampoco, Aurora, acariciándome con sus dedos
rosados.
No dicen el día
nuevo
avecillas,
ni las campanas de ninguna iglesia,
ni albadas.
No. De amanecida pasa,
puntual,
el camión de la basura. Y está bien
que así sea, porque sirve de correo
exacto
al siglo
de los ruidos
mecánicos
y de los excrementos.
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