dissabte, 12 de novembre del 2016

Ahoy!

en esta otra amanecida quiero pilotear un candray,
porque fue barca
        pequeña,
        y gastaba dos proas,
        y poco calado, y el mástil
        abatible,
        y se defendía muy bien,
        por todo ello,
        en las estrechuras del tráfico de puertos, ríos y caños,
        y por la gracia de su nombre,
que vuelve en torpe romance el que usaban,
socarrones,
los ingleses,
para rebajar estas naves, igualándolas con una lata seca,
porque dicen
ahora
candray
al barco viejo,
descuidado
y desastrado,
que se ocupa en fletes de miseria,
sobre todo porque el candray cabal levantaba velas
místicas,
¡virgensantísima!

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