en esta otra amanecida quiero pilotear un candray,
porque fue barca
pequeña,
y gastaba dos
proas,
y poco calado,
y el mástil
abatible,
y se defendía
muy bien,
por todo ello,
en las
estrechuras del tráfico de puertos, ríos y caños,
y por la gracia
de su nombre,
que vuelve en torpe romance el
que usaban,
socarrones,
los ingleses,
para rebajar estas naves,
igualándolas con una lata seca,
porque dicen
ahora
candray
al barco viejo,
descuidado
y desastrado,
que se ocupa en fletes de miseria,
sobre todo porque el candray
cabal levantaba velas
místicas,
¡virgensantísima!
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada