van
algunas damas de cuento, o prisioneras
de
un modismo,
que
dicen mi naturaleza o apuntan
mis
accidentes
por
amor de su apellido, que gastó la primera niña
de mis ojos,
Pilar
la Legañosa
(la más alta
que subió); desde luego,
por sus
melindres,
la Delicà de
Gandía,
y
la-princesa-de-la-faba;
Blancanieves
(¡una manzana
le repite!),
que acierta
mis difíciles digestiones; la desmayada
Zarzarrosa
(la Cenicienta
no,
¿no ves que
aborrezco las fiestas, que mis piececitos
no sufrirían
sus zapatos de cristal?)
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