las
tres Hespérides, hijas naturales
de
la Noche,
guardan,
cantarinas, en el poniente,
en
la orilla del mundo,
con
el dragón que engendró Forco
en
Ceto,
pomar
de
cuento,
regalo
de la Tierra para las bodas de Zeus y Hera,
que
da manzanas
de
oro
con
una seducen cuando se acaba el día al Rey Sol: éste
la
toma,
se
ruboriza,
incendiando
el horizonte,
y
muere
por
ahora,
para
que sea nuestra señora, en lo oscuro,
Venus,
la
estrella
de
la tarde
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