te
compré una libreta
para que te contaras, y tenerte
luego
un pco,
vuelta escritura
le hablas,
siempre,
a Manolo,
sólo pudiste decirnos, a Desa (“ella es
una chica,
no sé cómo decir,
le preguntas y siempre está mejor que nadie”)
y a mí, en la oncóloga,
decir tu “complejo” (tu caligrafía
torpe), decir
tus celos
nuevos,
tus aprensiones, ¿y si no la buscas
en el otro lado?,
decir a tu madre fregando, en Alborache,
decir
los almuerzos,
decir las tinajas, en la cocina, que
guardaban el aceite,
el lomo de cerdo,
las longanizas,
las morcillas de cebolla,
decir
sobre todo
“mi padre alguna vez me sentaba en su
brazo
y me daba el peine,
y yo peinaba,
pues tenía el pelo blanco y muy corto,
pero nunca me besaba (por lo visto,
en esa época no se besaba a los hijos,
pues mi madre tampoco lo hacía),
qué pena”,
por eso
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